Palinuro

sábado, 18 de noviembre de 2017

Las pruebas de las amenazas

La mayoría de las amenazas no puede probarse; solo cuando se han cumplido. Y entonces es tarde, al menos para la que las denunciaba. De todas formas, tratándose de este asunto y tomando en cuenta otros factores como el contexto, el carácter de la derecha española, el de este gobierno en concreto y el de sus aliados, etc., se me ocurren cinco vías probatorias.

1ª y más convicente, que hayan saltado al unísono Rajoy, Méndez de Vigo y el del CNI negándolo con auténtica furia refuerza la conviccción generalizada de que hubo amenazas. Todo lo que el gobierno afirma lo niega con hechos y todo lo que sus hechos afirman lo niegan sus palabras.

2ª anhelo de violencia y muertos en el conflicto catalán lo han mostrado reiteradamente los nacionalistas españoles so capa de formularlo como temor de que sea el adversario quien los cause. Eso lo hacen en España hasta los más ilustres periodistas, indignados, quizá, de que aún no se haya producido y, lo que es peor, en lo que depende del independentismo catalán, no se producirá.

3ª numerosas personalidades han pedido la intervención armada en Cataluña. Muy en su papel de Aldonza Lorenzo ministerial, Cospedal (aquí la tienen ustedes jugando a 007 de La Mancha, absolutamente desternillante), Cospedal, digo advierte de que el ejército está presto a cumplir con el artículo 8 de la Constitución. Y otros, más flamígeros, estilo Alfonso Guerra piden enviarlo ya mismo. No ignora, supongo, que una intervención militar puede generar muertos con facilidad. España, dijo este señor en cierta ocasión, no va a reconocerla ni la madre que la parió. Pues, sí, la madre que parió a España la reconoce sin problemas, a quien no reconoce la madre que lo parió es al socialismo.

España es el país más corrupto de la UE. Para tapar la corrupción el gobierno, su principal responsable, amparado en el artículo 155, de plenos poderes, está dispuesto a lo que sea. Ongania pretendió tapar el hundimiento de su dictadura invadiendo las Malvinas. Las Malvinas españolas están en Cataluña.

5ª) Rajoy y Sánchez compartían la amenaza a Puigdemont de que sería el responsable de la aplicación del 155, típica "advertencia" del maltratador, que hace culpable a la víctima. Por la propia naturaleza del 155, la "advertencia" implica la responsabilidad ulterior por lo que esa aplicación pueda suscitar. Incluida la fuerza militar. Incluidas las muertes. El 155 faculta al gobierno a tomar las medidas "necesarias" y deja la valoración de esa necesidad al propio gobierno y su muchachada en el Senado.  

O ¿es que no sabemos de quién estamos hablando?

El lunes, Palinuro en el Parlamento Europeo

Y, en Bruselas, estado mayor y epicentro de la revolución catalana.

Invitado a una sesión en un acto organizado por el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica y el Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea. El tema es "El franquismo después de Franco" y a servidor le corresponde desarrollar la ponencia sobre El franquismo del Estado español, hoy. Modestamente. 

Que el Estado español es franquista lo ha probado él mismo suficientemente en los últimos tiempos. Había sido, hasta hace poco, un franquismo disfrazado de  Estado democrático de derecho. Tanto que había conseguido convencer a gran parte de la opinión pública europea. Pero, al primer cuestionamiento serio de su legitimidad a través del independentismo catalán, el disfraz ha caído y ha revelado un Estado corrupto y autoritario. Hace años (desde 2011) que se gobierna por decreto y en la actualidad con una medida dictatorial de plenos poderes a través del artículo 155 equivalente a una dictadura de hecho y un estado permanente de excepción. Igual que en tiempos de Franco. La única diferencia es que este los declaraba a bombo y platillo y estos lo hacen sin declararlo.

Mi intervención está prevista para las 15:00 del lunes, 20 de noviembre, fecha muy señalada, por cierto.

Según mis noticias, habrá streaming.

viernes, 17 de noviembre de 2017

¿De qué va esto?

Tiene pinta de que la justicia belga no va a entregar a Puigdemont, al menos antes del 21D. Si no lo hace, la situación de España será, como dicen los diplomáticos, "embarazosa". A ver cómo se sostiene que los dos Jordis y el medio govern presos no son presos políticos, cuando el presidente tiene de hecho asilo político en Bélgica. Gesto inamistoso, insulto, provocación, leyenda negra y el oro de Moscú, lo que se quiera, pero en España hay presos políticos. Que los del triunvirato nacional español se nieguen a reconocerlo no quiere decir nada, es una muestra más de que nada entienden.

El independentismo catalán ha dado una vuelta como un calcetín al tranquilo sistema español de la III Restauración, aclimatado a un parlamentarismo monárquico turnista (con algún sobresalto) y un grado absoluto de compadreo y corrupción. Para el status quo, la política es una cuestión de alternativas de mera gestión. Un acuerdo de fondo más o menos explícito que pone fuera de cuestión la monarquía, la Iglesia católica y un sistema corrupto de capitalismo clientelar de capturas de rentas a costa del bien público. Es el nudo de la legitimidad del sistema. La gestión, meros debates de política económica como todo horizonte político, articulados en torno a la idea de que el electorado no quiere líos ni problemas sino maximizar su bienestar personal.

¿Qué sucede cuando alguien cuestiona algún elemento de la fórmula legitimatoria o todos? Muchas cosas, desde luego pero la primera de todas es que el carácter de la política, de la acción y los conflictos cambian. Los independentistas no están movidos por un afán de bienestar personal ni un cálculo también personal de costes beneficios, sino por una idea, una convicción, incluso un ideal. La acción colectiva tiene un fondo moral muy fuerte de lucha y sacrificio por la República Catalana. Hay una voluntad común de arrostrar castigos y agresiones, perjuicios y daños por una causa. Eso es algo incomprensible para quien se mueve por razones estrictamente egoístas de medro personal, como casi toda la clase política española que además supone, quizá con razón, que es la misma motivación del pueblo, su electorado.

Si, además, se prueba que esa voluntad de sacrificio anima a los dirigentes (encarcelados o exiliados o procesados, como están muchos de la CUP) y a la gente por igual, como se comprobó el 1 de octubre, nadie puede negar que esta movilización, esta desobediencia cívica, democrática, pacífica, tiene una gran dimensión moral. Y no solo en el terreno ético sino en el pragmático en el que se habla de la moral del ejército, algo que recuerda Ortega en algún lugar. El independentismo tiene una actitud moral por su pacifismo y más moral que el Alcoyano.

Frente a ello, el triunvirato nacional español, no postula un discurso en positivo, no propone otro ideal, otra movilización por algún objetivo moral, porque no los tiene. No puede proponer una discurso regeneracionista en materia de corrupción sin que las carcajadas se oigan en el Tibet. Tampoco otro alternativo al independentismo catalán porque carece de la comprensión mínima del problema para articularlo (vuelta al Estatuto del 2006, federalismo, reforma constitucional, no reforma constitucional) con alguna verosimilitud.

Por eso, el triunvirato recurre a una política exclusivamente represiva en dos direcciones: la primera la represión directa, por la fuerza, con la policía, los tribunales, las cárceles. La segunda, la represión indirecta en parte consecuencia de la primera y en parte de carácter más ideológico. De lo que se trata es de amenazar, asustar, minar la moral de la gente, desmoralizar. A falta de moral propia, se trata de destruir la del adversario.

Algo tan viejo como Sun Tzu y las campañas del Gran Capitán en Italia, el que se gastaba una pasta para comprar bronce para fundir campanas con las que desmoralizar al enemigo. 

La última muestra de esta táctica de desmoralización del adversario, a la que, para su vergüenza, se ha sumado parte de la izquierda es la campaña desatada con motivo de las declaraciones de los y las procesadas ante el juez. Todos y todas han acatado lo que hubiera que acatar y han prometido actuar en el marco constitucional. A la campaña acusándolos de locos, irresponsables, cobardes, traidores, se ha sumado, insisto, para su vergüenza, la izquierda. Incluso la han llevado más allá, acusando a los dirigentes refugiados en Bélgica de huir y traicionar a sus seguidores. Acusar a los encarcelados hubiera sido excesivo, pero ganas no les faltan.

Es verdaderamente inmoral. No ya porque los riesgos que los represaliados afrontan son inmensos y muy reales; tampoco porque el tenor conocido de esas declaraciones se han manipulado y falseado (aquí tienen ustedes a Tardà desmintiendo una de estas falsificaciones), sino porque, como todos sabemos, las confesiones en materias ideológicas extraídas mediante métodos inquisitoriales por principio son inválidas. Cesare Beccaria ya negó la validez de las confesiones bajo tortura. En realidad, cosa menos conocida, revalidaba una negativa muy anterior, formulada por Juana de Arco a la vista del "proceso" que daría con ella en la hoguera. Nada de lo que pudiera decir bajo tortura tenía validez alguna. Obviamente, el Tribunal Supremo no es una cámara de la tortura, pero la situación, en abstracto es la misma: unas confesiones, sean las que sean, a cambio de no ir a prisión carecen de toda validez. Ningún acusado está obligado a incriminarse y se le reconoce el derecho a ser "mendaz", como lo formula el presidente de tal alto tribunal. Obviamente, esto es algo que entienden hasta los del PP, tanto más la izquierda que, aunque lejanos, tiene algunos recuerdos que hacen al caso.

Lo lamentable es que esa misma izquierda sea incapaz de comprender algo que necesariamente se escapa a sus aliados de la derecha: la fuerza moral de una causa ideal a cuyo servicio se es más útil libre que preso. Eso lo entiende y agradece todo el movimiento independentista. Si la izquierda española (o la que dice que es tal) quiere verlo solo tiene que asomarse a las redes.

A lo mejor así comprende cuán inmoral e inútil es querer desmoralizar este movimiento colectivo, transversal, muy unido y coordinado, que nace de la vida cotidiana y la sociedad civil catalanas y se orienta hacia un objetivo común de modo unitario. Y más recurriendo a estos métodos tan primitivos.

Porque esto va de revolución, de revolución democrática y pacífica de nuevo tipo.

El lunes, Palinuro en el Parlamento Europeo

Y, en Bruselas, estado mayor y epicentro de la revolución catalana.

Invitado a una sesión en un acto organizado por el Grupo Confederal de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Verde Nórdica y el Grupo de Los Verdes/Alianza Libre Europea. El tema es "El franquismo después de Franco" y a servidor le corresponde desarrollar la ponencia sobre El franquismo del Estado español, hoy. Modestamente. 

Que el Estado español es franquista lo ha probado él mismo suficientemente en los últimos tiempos. Había sido, hasta hace poco, un franquismo disfrazado de  Estado democrático de derecho. Tanto que había conseguido convencer a gran parte de la opinión pública europea. Pero, al primer cuestionamiento serio de su legitimidad a través del independentismo catalán, el disfraz ha caído y ha revelado un Estado corrupto y autoritario. Hace años (desde 2011) que se gobierna por decreto y en la actualidad con una medida dictatorial de plenos poderes a través del artículo 155 equivalente a una dictadura de hecho y un estado permanente de excepción. Igual que en tiempos de Franco. La única diferencia es que este los declaraba a bombo y platillo y estos lo hacen sin declararlo.

Mi intervención está prevista para las 15:00 del lunes, 20 de noviembre, fecha muy señalada, por cierto.

Según mis noticias, habrá streaming.

jueves, 16 de noviembre de 2017

Entre la corrupción y Catalunya

En la tragicomedia española de "los últimos de Catalunya" va a acabar procesado hasta el apuntador. Si no lo están ya Rajoy y algún otro del gobierno es en gran medida por respetos mundanos. Esos respetos de la justicia hacia un poder político por debajo de toda sospecha que tienen su prestigio por los suelos, a los pies de la Infanta, de Urdangarin, de Rato, etc. Los respetos que llevan a los magistrados a aceptar una deposición testifical del presidente a su mismo nivel simbólico, no en el lugar reservado a los testigos. Y a dar por buena la declaración sin preocuparse por las acusaciones de que en ella incurrió el deponente en falsedad al asegurar que no tenía conocimiento de las aspectos económicos de las campañas electorales, cuando hay un vídeo en el que da cumplida (y seguramente falsa también) cuenta de esos aspectos en una elección concreta.

Es patente que este gobierno y su partido no debieran estar en el poder. Procesados, imputados, acusados, condenados, con un presidente y ministros que parecen haber estado recibiendo sobresueldos durante años, la política española se hace en los tribunales y en las cárceles y la labor del gobierno está condicionada por los calendarios procesales. Su obcecación en mantenerse en un poder que, en el fondo está usurpando, obedece al miedo a perder la impunidad y el aforamiento. Es capaz de romper el país por conseguirlo.

No, dice el bloque nacional español, es el independentismo el que rompe el país. Puede ser. Pero, como sabe todo el mundo, el independentismo quintuplicó su fuerza a partir de 2010, en respuesta a la evidente campaña anticatalana del PP que la usó para encaramarse en el poder. Es el PP y su política de confrontación a ultranza con Cataluña para tapar lo que de todas formas no puede taparse lo que rompe España. 

Da risa escuchar al presidente de un gobierno y partido con 700 involucrados en procesos penales y él mismo bajo acusación de haber cobrado sobresueldos, da risa, digo, escucharlo decir que va a restablecer la legalidad en Cataluña. Porque, piénsese bien, esos sobresueldos ilegales, también son dineros públicos que luego se hurtan a los ciudadanos mediante prácticas ilegales. Los sobresueldos de M. Rajoy no son solo presuntamente ilegales y del partido; son dineros públicos. 

Ayer Pablo Iglesias tuvo un intervención irreprochable en el Congreso en relación a Rajoy y luego unas declaraciones muy ajustadas en la calificación del comportamiento del PSOE. De sus otros juicios tengo mis reservas, especialmente en relación a Cataluña, pero en el análisis de giro de 180º en la política del PSOE, nadie puede dudarlo: de la plurinacionalidad, ni mú; de echar a Rajoy a respaldar a Rajoy (que, además, con este respaldo, se crece); de la amistad con Podemos al matrimonio con el PP.

Palinuro lleva tiempo diciéndolo: Catalunya ha triturado a la izquierda española; en Cataluña en cuanto que española y en España en cuanto que izquierda. 

Y todo para nada. La política de represión es inútil;  y más a lo bestia, que es como hace las cosas la derecha, la extrema derecha, la derecha franquista que está en el gobierno. Lo ha sido hasta ahora, lo es y todos sabemos que lo será, si sigue. Reprimir por los tribunales y la fuerza bruta un movimiento popular esencialmente pacífico ha sido siempre, como muestra la experiencia, el último error del represor. 

Y algo tiene todo el mundo meridianamente claro: el independentismo catalán es un movimiento, una revolución en realidad, no violenta. Aunque la política oculta y la manifiesta del gobierno sea incitar a la violencia en Cataluña, nunca, nadie ha podido probar violencia contra las personas o las cosas en las acciones independentistas. En las nacional españolas siempre hay violencia y agresión de bandas de energúmenos a ciudadanos pacíficos. Esa es la imagen que todo el mundo conoce: un pueblo en movimiento democrático, pacífico en afirmación de lo que siente son sus derechos, en busca de un lugar propio en la historia y en el concierto de las naciones.

Enfrente, ¿qué hay? Un gobierno minado por la corrupción, desprestigiado, con un lider sistemáticamente el peor valorado, gestionando de forma impopular, agresiva, injusta, desmantelando el Estado del bienestar, arruinando el país y llevándolo a la quiebra. Un gobierno que ha roto todos los consensos y actúa arbitrariamente mediante un art. 155 que interpreta como un decreto de plenos poderes, incluido el de prorrogarlo si, por ejemplo, el resultado de las elecciones del 21D no le gusta.

Y eso es exactamente lo que el PSOE apoya. 

Lo hace por miedo, por pánico cerval a que el independentismo catalán rompa España.

Esta España.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

La gente manda

Los últimos mensajes llegados de ERC apuntan a una reafirmación del espíritu unitario, zarandeado por su decisión y la de la CUP de ir por separado. Rufian afirma que el objetivo de ERC es restablecer en el gobierno legítimo de Cataluña a Puigdemont y Rovira anuncia que están buscando una forma de frente común, sin duda con el PDeCat, con el que ya tenía un acuerdo de JxS. Si se trabaja para restaurar el estatu quo anterior y se hace en forma de frente, cabe preguntarse por qué no mantener la unitaria.

Pero vamos a suponer que hay razones suficientes en pro de la diversidad de opciones. Será porque se juzga que esta mejorará en algo lo anterior, desechando lo inconveniente, pero preservando lo conveniente. Y lo más conveniente es la garantía de que, si no las formas, el fondo seguirá siendo unitario, común.

A día de hoy, la mentalidad sociológica, inevitablemente demoscópica, lee una mayoría holgada del independentismo en intención de voto. Dentro de esta, la intención a favor de la lista del presidente gana a la de la ERC y, desde luego, la CUP. Esa especie de ventaja de salida de la lista presidencial (aunque el presidente no tenga siquiera decantada una posición partidista) se debe a que, por el factor liderazgo, es la más cercana a un espíritu de lista de país. Los manifestantes del sábado gritaban espontáneamente "Puigdemont, presidente". Si la tendencia se mantiene hasta el 21D el resultado previsible es una mayoría independentista en la que la fuerza predominante será la de la lista presidencial y habrá una coordinación parlamentaria de las tres fuerzas independentistas. 

Esa coordinación deberá afectar a la naturaleza de la República Catalana, que no podrá detenerse con la prórroga del estado de excepción de hecho del 155 en que ya vive Cataluña. Eso no puede defenderse ya ni en la Unión Europea que se verá forzada a implicarse directamente en un problema que está causando mucho trastorno y amenaza con causar más.  

Si hay cuestiones de preeminencia, muy humanas, tómese ejemplo de la república norteamericana: su primer e indiscutido presidente fue Washington. Luego, Jefferson, autor de la Declaracion de Independencia, tuvo que esperar a que lo fuera Adams, que había sido su ayudante. Y Madison, uno de los tres genios redactores de El Federalista, hubo de aguardar a que lo fuera Jefferson. 

Las personas no pueden unirse, como puede el pueblo; tienen que ordenarse.

La batalla final

Las elecciones del 21D serán, según se den los resultados, la batalla final o un paso más en el trabajoso y secular empeño de la nación catalana por configurarse como Estado independiente. Todo apunta a que será lo primero. El independentismo votará en masa -tanto si es a lista única o a varias- y conseguirá una victoria considerable. Aunque la dictadura española del 155 haya impuesto unas elecciones autonómicas, en realidad, la consulta equivale al referéndum que el Estado se negó siempre a hacer y, al final, por la estupidez cerril de sus gobernantes, se ha visto obligado a organizar y garantizar ni queriendo. La partición del voto es nítida: independentismo (Puigdemont/PDeCat, ERC y CUP), Unionismo (PP, PSOE y C's) con los Comunes en medio y los de Albano Dante también, aunque más escorados al independentismo. La esperanza de los españolistas es que el resultado sea un empate y que los Comunes puedan decidir. Pero es una esperanza vana. Lo más probable es una mayoría independentista holgada (quizá absoluta en votos) que, con el apoyo de los de Dante Fachín y algunos Comunes (o todos) consolidarán la República Catalana que nació en las calles el 1 de octubre y se consagró el 20 en el Parlamento. 

Aquí mi artículo de elMón.cat. titulado "los últimos coletazos", en el que se pasa revista a la batería de medios que el nacionalismo español ha puesto en pie de guerra para ahogar el independentismo catalán: la UE, el Rey, la policía y la guardia civil, los tribunales de "justicia", los medios de comunicación, los partidos de la oposición (todos), el propio gobierno y su jefe, el de los sobresueldos. Para nada, porque ni conseguirá tapar la corrupción ni impedirá una solución independentista para Cataluña. Aquí, su versión castellana:

Los últimos coletazos.
                                                                                                             
No pudiendo valerse del ejército, como siempre ha hecho, el nacionalismo español ha decidido emplear todos sus demás recursos en contra de Cataluña. Todos y en toda su potencia porque intuye que esta última confrontación es decisiva. Si el 21D gana de nuevo el independentismo y lo hace holgadamente, España habrá entrado en la historia como recuerdo.

El gobierno ha forzado la intervención de la UE a su favor según sus corruptas costumbres, sobornando indirectamente a sus mandatarios con premios “Princesa de Asturias, doctorados Honoris Causa en sumisas Universidades y gestos similares. Y aún así, solo ha conseguido titubeantes apoyos y el incondicional del desacreditado Juncker

Ha sacado al Rey en dos ocasiones con gesto torvo y verbo amenazador. No les ha importado profundizar en el desprestigio de la Corona ligándola a un argumento de parte, de imposición y falta de diálogo, gracias al enésimo Borbón que, como todos, es incapaz de distinguir entre reinar y apoyar una dictadura o apoyarse en ella.

Del empleo que ha hecho de la policía y la guardia civil (un cuerpo militar) innecesario decir nada. Tienen Cataluña bajo ocupación de las fuerzas de represión y están dispuestos a emplearlas sin límite, como ya demostraron con la barbarie del 1 de octubre.

Han convertido la justicia y los tribunales en un frente judicial beligerante que se ha plegado a procedimientos de persecución no solamente ideológicos e inquisitoriales sino inmorales. Esa actividad judicial, orientada por un grupo de pedantes de extrema derecha a las órdenes de la vicepresidenta del gobierno, lleva su odio al catalanismo al extremo de querer arruinar a las personas acusadas mediante medidas confiscatorias propias de regímenes tiránicos. Y eso por parte de un gobierno cuyo partido se ha financiado ilegalmente y sus jefes (Rajoy y la tal vicepresidenta) se han beneficiado personalmente de ello.

Los medios de comunicación audiovisuales e impresos están todos al servicio del gobierno central, en un alarde de manipulación, censura y ocultación de la realidad, gracias a la financiación pública (publicidad institucional) administrada con criterios partidistas. No son medios de comunicación, sino centros de propaganda del partido del gobierno para mentir y criminalizar el catalanismo. La población solo puede informarse a través de algunos medios digitales y las redes sociales.

Tienen a todos los partidos políticos del arco parlamentario, excepción hecha de los nacionalistas “periféricos”, a su servicio. Todos dispuestos a dar una pátina de legalidad a la arbitrariedad y la tiranía de un gobierno que rige el país –no solo Cataluña- al margen y en contra de la Constitución que dice defender, por la vía de la dictadura “constitucional” del art. 155. El apoyo del PP y de C’s viene de forma natural de su condición de extrema derecha; el del PSOE, de sus condición de derecha socialdemócrata, con el empujón de una exigencia del Rey a la que Sánchez se ha sometido; la de Podemos, de su propia incompetencia.

El gobierno mismo se emplea a fondo en la política de intimidación, abuso y arbitrariedad en Cataluña, desmantelando sus instituciones de autogobierno, ahogándolas económicamente, sometiendo a persecución judicial a cientos de cargos públicos y amparando y tolerando la actividad de bandas fascistas/franquistas (en las cuales aparecen agentes policiales de paisano) para sembrar la inseguridad y el miedo en las calles catalanas. Su presidente, el hombre de los sobresueldos, el responsable político (y quizá penal) de la mafia de la Gürtel se permite amenazar al conjunto del independentismo y a la mayoría de la población catalana. Y también insultar a la población del Estado, al afirmar que los políticos que mienten debieran ser inhabilitados siendo así que él no ha hecho otra cosa que mentir desde que está en política y también, supuestamente, de delinquir ya en el gobierno.

El presidente de los sobresueldos dice no tener un “Plan B” para el caso de perder las elecciones del 21D, cosa muy probable pues no parece que la caja B, que sí tiene, le llegue para derrotar limpiamente al independentismo. Aspira a que le dé para hacerlo suciamente (recurriendo al pucherazo en el recuento de votos).pero no está seguro y por eso vuelve a mentir diciendo que no tiene plan B. Claro que lo tiene: aplicación indefinida de la dictadura del 155 hasta que el bloque españolista gane las elecciones, si la UE le deja.

Frente a todo esto, el independentismo ha dado un paso de gigante con la internacionalización del conflicto y ha ganado la batalla de la imagen moral y la legitimidad con el exilio de medio govern y la prisión del otro medio, después de que el pueblo de Cataluña ofreciera un ejemplo único de civismo y dignidad el pasado 1 de octubre. Sería imperdonable, incomprensible, literalmente canallesco, que todo esto se perdiera por enfrentamientos internos, ambiciones y rencillas personales en el bloque independentista.


Lo sabemos todas. Al margen de las cuestiones tácticas de las listas, más o menos comprensibles, el objetivo estratégico solo puede ser uno y concitar la unidad sin fisuras del bloque independentista, incluso durante la campaña electoral impuesta por el nacionalismo español. La libertad de los presos políticos y la libertad de Cataluña, que son lo mismo, solo puede alcanzarse si los partidos independentistas hablan con una sola voz, como hizo el pueblo al que representan el 1/10, auténtica fecha de nacimiento de la República Catalana.


martes, 14 de noviembre de 2017

La democracia está en las redes

El reportaje de Christian González es una exposición impecable del modo en que las cuatro cabeceras de Madrid interpretan la realidad. Queda meridianamente claro que, ante un hecho noticiable como el de la manifestación barcelonesa, los cuatro decidieron ocultarla por diversos procedimientos. Uno diría que una imagen como la de la izquierda sería muy apetitosa para cualquier portadista gráfico. Nada de eso. Los hay que la han sustituido por un primer plano de unos rostros entre barrotes.

El reportaje de González es objetivo y mesurado y se limita a narrar los hechos. Pero estos, a su vez, son carne de interpretación, por el mismo motivo que otros hechos lo son para los portadistas de los medios impresos. La primera observación que brota a la vista del trabajo es que se trata de una misma manipulación y tergiversación con fin idéntico en los cuatro casos: ocultar la manifestación de cientos de miles de personas por la libertad de los presos políticos.

Que se trata de manipulación se ve en otra imagen que se incluye en el mismo texto y en la que
se comparan estas portadas con las que los mismos medios habían dedicado a una previa manifestación nacional española también en Barcelona. Los planos cortos y cerrados de las imágenes de la manifa independentista se convertían en largos y abiertos en la unionista. Y el lenguaje era muy otro. Al tono hostil, burlón y acusatorio sucedía un lenguaje ditirámbico en las cuatro cabeceras. "El País", por ejemplo, daba como titular que "la mayoría de los catalanes apoya el adelanto electoral", mientras que se desmelenaba y se ponía flamígero con el segundo: "histórica manifestación contra el separatismo y por la Constitución".

¿A que es de chiste? Lástima cómo un periódico que tuvo ínfulas de tal pasa a ser un tabloide, al servicio del gobierno y de los ultras. Y todo para nada (aunque muy caro) porque, además, la noticia es falsa. No fue histórica, ni manifestación, sino una congregación de ultras venidos de toda España y reunidos con los puñados de ultras catalanes. 

En definiiva, nada que ver con la democracia, el Estado de derecho, las libertades públicas, el derecho a la información. Es el reinado de la arbitrariedad, la tiranía, la manipulación y la censura.

Negar la realidad no sirve de nada. No ha habido manera de impedir que las imágenes reales se cuelen en las televisiones y, lo más importante, en las redes, que las han difundido por todo el país y el extranjero. Como pasó con la brutalidad policial del 1/10. Las redes lo son todo hoy. Gracias a ellas la gente sabe que en las manifestaciones indepes, aunque sean de cientos de miles, nunca hay violencia. En las manifestaciones unionistas, en cuanto viene más de una docena, comienzan las agresiones de franquistas y neonazis envueltos en su bandera. Flaco servicio hacen a la democracia los medios impresos.

La crisis económica los ha puesto a todos prácticamente al servicio del gobierno para subsistir financieramente. Lo hacen a través de la publicidad institucional que este gobierno reparte en razón inversamente proporcional a la difusión y directamente a la de la afinidad ideológica. Razón por la cual todos compiten por agradar al jefe. Además, han perdido el monopolio de la opinión a manos de la prensa digital y, sobre todo, de las redes. Sus servicios ya no valen tanto ni son tan seguros. La democracia mediática es de las redes. Por eso ha anunciado ya el gobierno del PP su intención de regular la "libertad de expresión" en la red. Con el mismo criterio que rigió para la ley Mordaza: poner censura en internet. 


Plan B, no; caja B

Acostumbrado a negar, Rajoy niega también un plan B, siendo obvio que hay A, B, C y los que hagan falta. Y no solo para después de las elecciones sino también para antes y durante. El país está gobernado por un grupo de personas que, así como no tuvieron reparos en tejer una red de corrupción generalizada, tampoco los tienen para incumplir lo dicho o hacer lo contrario. Un grupo movido por una supuesta "brigada Aranzadi" a las órdenes de la vicepresidenta, capaz de incendiarlo con sus ocurrencias. 

El gobierno no tiene otro objetivo que mantenerse en el poder y aforado. Para ello aplica una política beligerante con Cataluña que le sirve de pantalla para ocultar su implicación en la trama Gürtel, no solo política, sino penal. Piensa, además, y con razón según parece, que esa política le hará ganar votos en España. Todo lo que sea ir contra Cataluña da votos en España. Y ese es, incidentalmente, el problemón que tiene la "verdadera" izquierda de Podemos, pues o se suma al griterío nacional español o se da el batacazo electoral que también tiene garantizado en Cataluña. 

Es posible, hasta probable, que unas elecciones den nueva mayoría a la derecha (PP y C's). Eso quizá sirva para paliar o resolver los problemas del PP. 

No así los de España. Todo lo contrario.